Les nouveaux apprentissages / Los nuevos aprendizajes

 

Lucia Farioli

 

Version espagnole

Los nuevos aprendizajes

Lucia Farioli licenciado en comercio internacional de la universidad de Paris XI, BA in Business Administración de la Humberside Business School. Expatriado en México desde 1993. Ocupo diversas posiciones gerenciales tanto en PYMES como en multinacionales. Es actualmente aprendiz coach Blue Thinking – Mediat-Coaching.
Cuando me extraje del mundo empresarial y me encontré en búsqueda de nuevos caminos, las puertas del coaching se abrieron a mi, aparentemente mas por azar que por voluntad propia. Me encuentro hoy entre dos mundos : el del cual vengo, lleno de certidumbres aparentes y aquel hacia el cual me dirijo y que me atrae pero que me exige una nueva flexibilidad para la cual no he sido preparado.

La tierra es plana. El progreso podría explicarse por la incesante danza entre lo útil y lo cierto. La búsqueda de lo cierto puede parecer fútil mientras no se llega a los limites de lo útil. De esta forma, mientras que nadie tuviera la idea de aventurarse al oeste de las Azores, la idea de una tierra plana servia perfectamente los fines del mundo de entonces. La historia nos recuerda que fue la búsqueda de una nueva ruta comercial hacia las Indias que llevó a Cristóbal Colón a desafiar el paradigma dominante. Sin embargo, sabemos por supuesto que no fue Colón quien descubrió que la tierra es redonda, ni siquiera fue el que lo probó. Esto y se sabía desde hace milenios. Bajo la presión de lo útil Colon usó ese conocimiento para desafiar el status quo. Hoy percibo que esa anécdotahistórica se asemeja al proceso de coaching.

Para mi que nací y me crié en el mundo occidental, mi percepción de la realidad, o mi tierra plana, se desprende de un paradigma relativamente común cuya gestación también es bastante común. Estoy acostumbrado a escuchar mas la razón que la emoción y mi herencia cartesiana, como lo subraya Edgar Morin, me formó al análisis y a la simplificación para la solución de los problemas que tuve que enfrentar. Intenté inexorablemente reducir la complejidad del mundo que me rodeabaagarrándome a islotes de certidumbre y cuanto no había ninguno, siempre podía agarrarme de cualquiera de los dogmas tan comunes en el mundo de la empresa. Intenté desesperadamente ligar mis resultados a una secuencia lógica de decisiones y acciones. Tendía a rechazar la paternidad de cualquier resultado obtenido fuera de ese camino : es el fruto de la suerte y por lo tanto no es el mío. Sin embargo, este mundo mayoritariamente cartesiano funciona la mayor parte del tiempo. A veces, cuando el cambio es demasiado profundo o demasiado rápido, este mundo deja de funcionar; es lo que llamamos “crisis”. Y como en el campo de la física donde las leyes de lo infinitamente grande dejan de funcionar cuando observamos lo infinitamente pequeño, el enfoque del coaching puede ayudarnos a comprender y a actuar en un universo en crisis donde las leyes de antes parecen ya no ser las correctas. Sin embrago, si el coaching revela toda su utilidad en tiempos de crisis , la comparación con el mundo de la física se detiene aquí : hay que reconocer que también puede ayudar a profundizar nuestro conocimiento del mundo cuando este está estable.

Reaprender. Heme aquí navegando en aguas inciertas que muchos creen finitas (mas aya del horizonte estas se terminan en cascadas infinitas). Debo reconocer que jamás hubiera emprendido este viaje sin no hubiera sido empujado por la “crisis” a buscar nuevos caminos. Y para alguien que siembre había caminado, hoy tengo que aprender a nadar. Y tal vez sea un eufemismo : para mi la noción de aprendizaje implicaba la acumulación de nuevos conocimientos, ya sea intelectuales o mecánicos (aprender a manejar por ejemplo). El flujo que siempre se me ha impuesto fue el de la teoría primero y luego la práctica . Y luego, cuando tuve mi primer contacto con el mundo del coaching (como muchos empecé por ser coachee antes de iniciar mi formación de coach) descubría que el conocimiento “clásico” es necesario pero no suficiente para abordar ciertas problemáticas mas profundas o menos lógicas. De la misma forma, este aprendizaje “clásico” suponía la interacción de dos personas en extremos opuestos de la escala moral : un profesor que sabía y un estudiante que no sabía. El primero hablaba y el segundo escuchaba (solo unos cuantos tuvimos la suerte de poder participar mas activamente durante estos intercambios…).

Ante esos paradigmas, mi segundo contacto con el mundo del coaching (como aprendiz coach) me recordó el mundo de Alicia donde todas las referencias están cambiadas : en este mundo, no es el coach el que sabe, es el coachee. Los dos actores se ubican en el mismo nivel. En este mundo no es lo que se lo que importa sino lo que sabe mi coachee y mi papel se limita a propiciar las conexiones entre esos conocimientos, a favorecer el surgimiento.
Hoy a penas estoy en el principio de mi camino. Descubro con emoción una nueva mecánica en la cual me puedo ayudar ayudando a otros. Es un mundo aún extraño para mi donde mis antiguas creencias me detienen aún al mundo puramente cartesiano. Pero sé que pronto esos dos mundos, el del cual llego y el hacia el cual me dirijo, terminarán por enriquecerse mutuamente y podré avanzar hacia una compresión mas amplia del mundo que me rodea. Espero un día convencerme que el mundo es redondo y emprender mi propio viaje hacia el oeste. O será que ya lo inicié?

 

Version française


Les nouveaux apprentissages

Luca Farioli, licence en commerce internationale de l’université Paris XI et BA in Business administration de la Humberside Business School. Expatrié au Mexique depuis 1993. A occupé diverses positions de management local et international au sein de PME et de multinationales. Aujourd’hui, en formation coach Blue Thinking – Mediat-Coaching.
Lorsque, extrait du monde de l’entreprise je me retrouvais recherchant une nouvelle voie, les portes du coaching s’ouvraient à moi apparemment plus par hasard que par volonté propre. Je me retrouve à présent entre deux mondes : celui d’ou je viens, jalonné d’apparentes certitudes et celui que je découvre et qui m’attire, mais qui demande de moi une nouvelle souplesse à laquelle je n’ai jamais été préparée.
La terre est plate. Le progrès pourrait s’expliquer par l’incessante danse entre l’utile et le vrai. La recherche du vrai peut paraitre futile tant que l’on n’atteint pas les limites de l’utile. Ainsi, tant que personne n’eut l’idée de s’aventurer à l’ouest des Açores, l’idée d’une terre plate servait parfaitement aux fins de l’époque. L’histoire nous rapporte que c’est la recherche d’une route plus courte vers les Indes qui amena Christophe Colomb à défier le paradigme dominant. Cependant, nous savons bien entendu que ce n’est pas lui qui a découvert ou même prouvé la rotondité de la Terre. Ce fait était déjà connu depuis des millénaires. Sous la pression de la recherche de l’utile Colomb a utilisé cette connaissance pour défier le statu quo. Je perçois aujourd’hui que cette anecdote historique se rapproche du processus de coaching.

Pour moi qui suis né et ai grandi dans le monde occidental, ma perception de la réalité, ou ma terre plate, se dégage d’un paradigme relativement commun dont la gestation semble aussi assez commune. Je me suis habituée à prêter plus d’attention à la raison qu’à l’émotion et mon héritage cartésien, comme le souligne Edgar Morin, m’a formé à l’analyse et à la simplification pour la solution des problèmes auxquels j’ai du faire face. J’ai tenté inexorablement de réduire la complexité du monde qui m’entoure en m’accrochant à des îlots de certitude et quand ceux-ci n’existaient pas, je pouvais toujours me raccrocher à un de ces dogmes si répandus de nos jours dans le monde de l’entreprise. J’ai tenté désespérément de lier mes résultats à une suite logique de décisions et d’actions. Je tendais à réfuter la paternité de tout résultat obtenu en dehors de cette démarche : c’est le fruit du hasard et donc ce n’est pas le mien. Néanmoins, ce monde majoritairement cartésien fonctionne la plus part du temps. Parfois, quand le changement est trop profond ou trop rapide, ce monde cesse de fonctionner ; c’est ce que nous avons baptisé « crise ». Et comme dans le domaine de la physique où les lois de l’infiniment grand cessent de fonctionner lorsque nous voulons observer l’infiniment petit, l’approche du coaching peut nous aider à comprendre et agir sur un univers en crise où les lois d’avant ne semblent plus opérer. Cependant, si le coaching révèle toute son utilité en temps de crise, la comparaison avec les lois de la physique s’arrête là : il faut reconnaître qu’il peut aussi aider à approfondir notre connaissance du monde quand celui-ci est stable.

Réapprendre. Me voilà donc navigant dans des eaux incertaines que beaucoup croient finies (au delà de l’horizon, celle-ci s’achèvent en d’infinies cascades). Je dois reconnaître que je n’aurais jamais entrepris ce voyage si je n’avais été poussée par la « crise » à trouver de nouveaux chemins. Et pour quelqu’un qui jusqu’à présent avait toujours marché, je dois maintenant apprendre à nager. Et je crois même que c’est un euphémisme : en effet, pour moi la notion d’apprentissage comprenait l’accumulation de nouvelles connaissances, qu’elles soient purement intellectuelles ou mécaniques (apprendre à conduire par exemple). Le flux qui m’a toujours été imposé a été celui de la théorie en premier puis de la pratique. Et puis, lorsque j’ai eu mes premiers contact avec le monde du coaching (comme beaucoup j’ai d’abord commencé par être coachée avant d’initier ma formation de coach) j’ai découvert que le savoir « classique » est nécessaire mais non suffisant pour aborder certains problèmes d’ordre plus profonds ou moins logiques. De la même manière, cet apprentissage « classique » supposait l’interaction de deux personnages positionnés de façon bien différenciée sur l’échelle morale : un professeur qui savait et un étudiant qui ne savait pas. Le premier parlait et le deuxième écoutait (seul quelques un d’entre nous ont eu la chance de pouvoir participer activement lors de ces échanges).

Face à ces paradigmes, mon second contact avec le monde du coaching (comme apprentie coach), me rappela un peut le monde d’Alice, où tous les repères sont changés : dans ce monde, ce n’est pas le coach qui sait, c’est le coaché. Les deux intervenants se situent sur un même niveau moral. Dans ce monde ce n’est pas ce que je sais qui importe, c’est ce que mon coaché sait et mon rôle se limite à favoriser les connexions de ces connaissances, à favoriser l’émergence.
Aujourd’hui je ne suis qu’au début de ce chemin. Je découvre avec émotion une nouvelle mécanique ou je peux m’aider en aidant les autres. C’est un monde encore étrange pour moi ou mes anciennes croyances me retiennent encore à un monde purement cartésien. Mais je sais que bientôt ces deux mondes, celui d’où je viens et celui ou je vais, finiront par s’enrichir mutuellement et j’avancerai vers une compréhension plus vaste du monde qui m’entoure. J’espère un jour me convaincre que le monde est rond et entreprendre mon propre voyage vers l’Ouest. Ou l’ai-je déjà commencé ?

 

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